El sabor terroso de las setas combina con la almendra tostada del turrón. Estas croquetas saladas utilizan una cantidad pequeña de crema de Jijona; el objetivo no es que sepan a postre, sino conseguir un matiz inesperado y equilibrado.

Pica la chalota y las setas muy fino. Sofríelas hasta evaporar su agua; el fondo de la sartén debe quedar seco y las setas bien aromáticas.
En una cazuela añade la mantequilla y la harina y cocina el roux durante dos minutos, sin que llegue a tostarse en exceso.
Vierte la leche templada en pequeñas tandas mientras remueves para evitar grumos. Cocina hasta obtener una bechamel espesa.
Añade las setas, sal, pimienta y nuez moscada. Retira brevemente del calor y agrega la crema de turrón, mezclando hasta integrar.
Vuelca la masa en una bandeja poco profunda, cubre a piel y enfría rápidamente. Refrigera hasta que esté suficientemente firme para porcionar.
Forma las croquetas, pásalas por huevo y pan rallado. Mantén refrigeradas hasta freír.
Fríe en tandas pequeñas a unos 175–180 °C, sin abarrotar, hasta que estén doradas y calientes en el centro. Escurre y sirve.